Los delegados de base, enfrentados con su gremio, se oponen al sistema de ascensos que aplica la empresa. La huelga arrancó a las 10 y el servicio se reanudó recién a las 21. La hora del regreso fue un caos, con serios colapsos en el tránsito.
Largas filas en las paradas de colectivos y, en cada rostro que esperaba, un gesto diferente para transmitir el fastidio común. Sobre el asfalto, la sucesión de bocinazos llenaba de histeria las avenidas colapsadas. Otra vez el caos en la Ciudad. De nuevo, la sensación de desborde en sus calles y en el transporte porque ayer desde la mañana y casi durante todo el día no hubo subtes. El servicio permaneció suspendido hasta las nueve de la noche por decisión de los delegados de base, protagonistas de un conflicto interno que sumó a la conducción de la Unión Tranviaria Automotor (UTA) y Metrovías, la empresa concesionaria.
La pelea afectó a más de 1.100.000 usuarios, según la empresa. Por eso, anoche el Ministerio de Trabajo dictó la conciliación obligatoria por 15 días.
Pero recién minutos antes de las 21 –y después de versiones encontradas sobre la decisión–, los delegados aceptaron oficialmente el acta de Trabajo y anunciaron que se levantaba el paro. Media hora después los trenes volvían a funcionar normalmente. Aunque hasta ese momento sólo la línea H había operado sin problemas y la D lo había hecho con un servicio condicional desde las 19.La medida de fuerza fue tomada por los delegados de base, quienes se opusieron al sistema de ascensos y de capacitación que tiene la empresa para con el personal. La primera decisión de la protesta fue liberar los molinetes en algunas estaciones y luego cortaron el servicio en las líneas B, C y D. Apenas pasado el mediodía se sumó el resto de las líneas y el Premetro. Y así siguió toda la jornada. “Metrovías impide la posibilidad de ascender y progresar con el cumplimiento, desde diciembre de 2006, de un acta acuerdo firmada en el Ministerio de Trabajo, donde se comprometía a discutir un sistema de ascensos y promociones para el personal”, habían asegurado los delegados en un comunicado firmado por Roberto Pianelli.
Varias horas después, el delegado Néstor Segovia, quien ofició de vocero durante todo el día, anunció en la boca de la estación Constitución (línea C), sobre la calle Brasil, que el paro se levantaba: “Mañana habrá trenes todo el día, pero si la empresa no cumple, vamos a volver a parar”. Antes, había sido él mismo quien había desestimado la decisión de la cartera de Trabajo. “Que la empresa nos llame y nos avise. La empresa nos está desprestigiando”, había dicho entre una multitud que esperaba que la línea C se abriera porque ya se corría el rumor del fin del paro. El secretario general de la UTA, Roberto Fernández, apuntó contra los delegados. “Lo que en realidad está ocurriendo es que algunos muchachos del cuerpo de delegados continúan jugando a la política porque, tras el llamado a concurso que efectuó la empresa en las líneas C y D, quieren colocar a sus hombres”, dijo, y agregó que tanto “el gremio como los usuarios fueron nuevamente convertidos hoy (por ayer) en rehenes del juego político de los delegados de base”.
Metrovías aseguró que se trató de “una protesta que no tiene origen en un conflicto gremial colectivo”. Y afirmó que los ascensos son determinados con “criterios objetivos” y que la capacitación “es una condición necesaria para acceder” a ellos. Hasta que las formaciones volvieron a circular por las vías subterráneas, entre la gente mandaba la bronca y la incomodidad. La zona de Constitución lucía copada por la Policía Federal, que desplegó efectivos, patrulleros, celulares y camiones hidrantes a lo largo de la calle Brasil. Los colectivos tuvieron que agregar coches de refuerzo y mucha gente recorría la zona con desconcierto. “Es un desastre. Tardé dos horas desde Pueyrredón y Santa Fe hasta Constitución en colectivo”, se quejó Patricio, antes de subirse al tren que lo llevaría a Claypole, su barrio (Fuente: Clarín)