Archive for the ‘CULTURA’ Category
ESTRENO NACIONAL DEL DOCUMENTAL “UN GIGANTE DORMIDO”
Martes, Junio 24th, 2008Por ARIEL ESPINOZA (Para CRÓNICA FERROVIARIA)
El estreno cuenta con el auspicio del Asociación de Prensa de Tucumán y está organizado por la filial Tafí Viejo, en el marco de su ciclo cultural que se iniciará este jueves 26 de Junio con la presencia del músico santiagueño, señor Carlos Carabajal, que brindará un taller didáctico gratuito en un escuela primaria de nuestra ciudad. Además, se desarrollará una charla en el café Vía Blanca

TREN CANCELADO
Jueves, Junio 19th, 2008Por: Alberto Cortese (Para CRÓNICA FERROVIARIA)
La campana dejó de sonar hace mucho tiempo, ya nadie acude desde las polvorientas calles del pueblo casi fantasma.
Ya tus oxidadas entrañas dejaron de albergar fuegos y combustibles, tu motor apagado y muerto, tu luz ciega para siempre.
Junto a vos, la herrumbre de tu coche compañero de muchos viajes de ida y vuelta…y la oscuridad del galpón que te acoge, no preanuncia amaneceres junto a aquellas manos sufridas que te hacían arrancar, ya no. Sólo pides en silencio, que aquel viejo techo te cuide algo de la lluvia y de los vientos helados del olvido.
Tu corazón de metal sigue palpitando en sueños eléctricos, tus ganchos y paragolpes parecen aprestarse a la unión previa a la partida…
Pero no…hasta la tierra va sepultando los rieles alguna vez bruñidos por tu paso, sientes el transcurrir del tiempo comiéndose tus chapas sin dolor, y sin siquiera un brillo de aquella pintura lejana, aquella bandera de la patria pintada en tu frente hoy descolorido.

Autor: Alberto Cortese
Si uno escucha en la noche, cree adivinar tenues rugidos apagados, cree estar percibiendo el movimiento que la mañana traerá…pero caes en la cuenta que son aquellos, los sonidos de la podredumbre, de la inevitable y definitiva muerte, triunfante y entonando tristes melodías de inexplicable final.
Tren cancelado, una locomotora y un coche de pasajeros, algún vagón agregado al convoy mixto, muchos adioses, algunas enamoradas bienvenidas, muchas vidas y pocas muertes, encadenadas a tu raudo atravesar por el campo, a tu paso por la morosa barrera de la entrada del pueblo, quien podrá cantarte ahora, quién podrá salvarte? Quién te alcanzará una memoria, una caricia de pintura, o una foto admirada? Quienes en esta tierra de flojas memorias, escribirán tu historia, que es nuestra historia? Escucho en la puerta del galpón las risas alegres y despreocupadas de unos niños jugando, y me parece adivinar entre medio de tus faros destruidos, donde no brillan más que fugaces luciérnagas en las noches sin luna, un destello de mecánica alegría…quizás te cantes a ti misma, pronto, con el sonido de tu mágica bocina…
LOS QUE PERDIERON EL TREN
Lunes, Junio 2nd, 2008Por: Alberto Cortese
Allá van, con desilusiones a cuestas, con consignas ajadas por el tiempo, fantasmas de lo viejo, realidades imposibles…
Allá van, en marcha hacia el olvido, recuerdos de tardes lluviosas y frías, soledades de noches insomnes…
Allá van, por fin, y se los tragará una memoria sin memoria, un país negado a sí mismo, allá van…
Braceros del monte chaqueño, zafreros del Tucumán profundo, arrieros de las quebradas riojanas…
Recolectores de vides ajenas en el soleado Cuyo, peones de cosechas sufridas y deseadas en la campiña bonaerense…
Obreros en largas filas rumbo a los talleres ferroviarios, cuando va despuntando el sol de la patria…
Una fila interminable de vagones olvidados, en un desvío de vía muerta, en cualquiera de las miles de estaciones abandonadas…
Mudos e indignados testigos, muriendo de a poco bajo la señal de vía libre que marca para siempre un horizonte lejano.
En ciudades y pueblos, en la misma capital opulenta por fuera pero vacía, muy vacía por dentro,
Paredes descascaradas de cientos de talleres abandonados, donde resuena la música muerta de miles de herramientas fabricando, reparando, dando vida, a miles de locomotoras, vagones, coches de pasajeros, que surcaban las venas abiertas de nuestro latinoamericano rincón del sur…
Talleres Ferroviarios Tafí Viejo
Ya no están, ya no…y los reemplazan rostros como muecas distorsionadas, burlonas, de una pesadilla que me parece interminable.
En un rincón de una perdida estación de una red que ya no funciona, algunos niños desangelados juegan a que viene el tren, ellos no saben leer el ominoso significado de esos pastos crecidos, de esos terraplenes derrumbados, ellos no saben que están jugando un juego imposible.
Los que perdieron el tren, los olvidados de esta tierra, esperan y se cansan de tanto esperar, y ya no siembran ilusiones, sus manos cansadas apenas pueden acomodar un pedazo de tierra y un cachito de cielo límpido, preparando la hora final…los dejaremos así, testigos mudos de algo que puede renacer y no lo hace aùn?
Los olvidaremos para siempre levantando lugares de livianos homenajes, museos que recuerdan olvidos atroces, de los que nadie se acuerda ya?
Seguiremos añorando una tierra de promesas y horizontes ilimitados a la vera de las vías que alguien nos robó sin avisarnos?
Yo no quiero perder el tren, yo no quiero vivir lamentando lo que ya nadie recuerda, “yo no quiero volverme tan loco”, los que perdimos el tren lo volveremos a construir.
Con el destino o contra él.
TRENES SIN EMOCIÓN
Sábado, Mayo 10th, 2008Por: Juan Villacorta
CUANDO se habla del Ave ya no se piensa en trenes, en lo que han significado los trenes en la vida y en los sueños de los hombres, sino que se argumenta en clave política, se habla de reducción de tiempos, de velocidades punta, de ramales y ciudades, de comodidad y lujo, pero ya no se habla de trenes, sino de promesas políticas de unos y otros. No es que el tren haya muerto, es que ha sido suplantado por una máquina de hacer política.
Muchos de mi generación conocimos el tren real a la vez que el tren de los sueños del cine, que para nosotros era aún más real porque no tenía fronteras y era un mundo mágico de aventuras sin movernos del asiento de la butaca de un cine. No es posible olvidar aquellas pioneras máquinas a todo vapor traqueteantes por las praderas del viejo oeste, el ‘Far West’ de las películas de John Ford, Raoul Walsh y Howard Hawks, de cuya épica se ha surtido el sueño americano.
Fue un maestro del celuloide (casi su inventor), David Griffith quien inmortalizó el nacimiento de una nación destinada en el tiempo a cambiar ferrocarriles por misiles. Como acostumbra a suceder, el genio individual pagó un precio muy alto por su talento. La tierra de bisontes, praderas y trenes de madera creció en la burbuja de la Coca-Cola y Griffith fue añejo vino del olvido.
En cierta ocasión, los filósofos Bertrand Rusell y Jorge Santayana -gran pensador español, hoy lamentablemente olvidado- atribuían a Grifitth el nacimiento del cine ante un vaso de vino en una oscura taberna, cuando un viejo desaseado y absolutamente digno en su ebriedad se dirigió a ellos: «Perdonen, pero creo conocer algo a la persona que ustedes citan, me temo ser yo». Aquella decrépita criatura era nada menos que el propio David Ward Griffith, víctima de la intolerancia de Hollywood y arrumbado en la vía muerta del tren de la historia.
Los trenes de nuestra infancia fueron más reales que el talgo y el expreso, eran aquellos correos que siempre acaban asaltados por la banda de Billy el Niño, máquinas a todo vapor que competían a tranco abierto con los purasangre cheyennes, sioux, chiricauas, comanches, apaches y mezcaleros en los caminos de hierro de Oregón. En aquel caballo de metal los adolescentes de entonces imaginábamos que viajó Hopalong Cassidy con sus ‘colts’ de plata, la sonrisa del vaquero Roy Rogers, la melena de Búfalo Bill. Trenes abarrotados de trashumantes ganaderos, tercos granjeros, quiméricos del oro, tahúres, voraces banqueros, pistoleros y ‘vedettes’ de salón, en resumen, toda la literatura del carril de los sueños del séptimo arte.

Autor: José I Barrola
Otros muchos trenes conocimos. ‘El tren’ de John Frankenheimer salvaba la pintura europea del vesanismo nazi. La psicosis de Hitchock y el azar narrado por Patricia Highsmith unían a dos extrañas almas en un tren con un único objetivo: el crimen.
David Lean nos descubría la India con el pasaje de un ‘travelling’ modélico, pues tal vez sin la existencia del tren no se habría inventado el ‘travelling’, el tren es un ‘travelling’ que une aventura y horizonte, paisaje y pasajero, máquina y ser. «Más madera», pedía Groucho al frente de la locomotora del absurdo y Buster Keaton fue realmente el único maquinista de la historia con cara de palo.
El Ave es necesario, pero ya no emociona. Tal vez ese tren de vértigo ayude al progreso de los territorios que une, pero es un tren que ha perdido la magia de aquellos trenes lentos, eternos, donde la conversación era la única forma de pasar el tiempo y de humanizar el viaje, incluso en los viajes bajo cielos interminables de estrellas desnudas en la noche.(Fuente: NorteCastilla.es)




